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El 7 de enero de 2026, las plazas públicas de Colombia volvieron a ser escenario de movilización ciudadana. En distintas ciudades del país, miles de personas se congregaron en una jornada convocada para defender la autonomía y la soberanía nacional, pero también para expresar un rechazo directo a los recientes planteamientos y posturas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, percibidos como una amenaza a la autodeterminación del país.
La movilización, impulsada desde el Gobierno nacional y respaldada por diversos sectores sociales, se convirtió en un mensaje político claro: Colombia no acepta tutelajes ni injerencias externas en sus decisiones internas.
🇨🇴 Rechazo a la injerencia y defensa de la autodeterminación
Uno de los ejes centrales de la jornada ha sido el rechazo ciudadano a los discursos y acciones provenientes del gobierno de Donald Trump, que en los últimos días han generado preocupación por su tono intervencionista frente a América Latina y, en particular, frente a Colombia.
En las plazas se escucharon consignas que subrayan una idea común: la relación entre países debe basarse en el respeto mutuo, no en la presión política, económica o militar. Para muchos manifestantes, esta movilización no solo defiende al actual gobierno, sino un principio histórico: la soberanía como base de la democracia.
Las plazas como espacio político y simbólico
Desde Bogotá hasta Cali, Medellín, Cartagena, Bucaramanga, Barranquilla, Neiva, Riohacha y otras ciudades intermedias, las plazas se llenaron de banderas, pancartas y mensajes que combinaban orgullo nacional, defensa del territorio y rechazo al intervencionismo extranjero.
La Plaza de Bolívar en Bogotá fue el epicentro simbólico, pero el carácter descentralizado de la jornada dejó ver que el mensaje trascendió las capitales: se trata de una preocupación nacional compartida por amplios sectores de la sociedad.
Una movilización pacífica en medio de la polarización
A pesar del fuerte contenido político, la jornada se desarrolló mayoritariamente de forma pacífica. Los llamados reiterados al respeto, al cuidado del espacio público y a la convivencia democrática fueron constantes.
En un país marcado por la polarización, la movilización de hoy puso sobre la mesa un punto de coincidencia: la defensa de la soberanía nacional frente a presiones externas no debería ser un asunto partidista, sino un consenso democrático básico.
Un mensaje hacia adentro y hacia afuera
Las concentraciones de este 7 de enero envían un doble mensaje. Hacia el interior del país, refuerzan la idea de que la ciudadanía quiere ser parte activa de las decisiones políticas fundamentales. Hacia el exterior, y en particular hacia Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump, expresan con claridad que Colombia exige respeto a su autonomía y a su proceso democrático.
Más que un cierre, esta jornada abre una etapa de debate público sobre el lugar de Colombia en el escenario internacional y sobre los límites que la sociedad está dispuesta a aceptar frente a cualquier intento de injerencia.
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